miércoles, 4 de marzo de 2009
Las diosas también cagan (parte 4)
El problema de primer orden que ha surgido del “destape” de estas Damas Todo Poderosas es el aseo: defecan en los areneros de las plazas o en la costa del Río de la Plata. A veces la urgencia (a causa del cambio de dieta) las obliga a hacer en el techo de los edificios, o en el camino al Río (siendo nuestro entrevistado, José Guerra, uno de los mayores damnificados hasta el momento). En lo que concierne al pis, también lo hacen en el Río, en las piletas de la Costanera o, porque no, en las calles con pendiente (para hacer de esas cataratas amarillas que las pone tan a gusto). Reconocidos ecologistas de profesión sostienen que, de continuar estas aberraciones por más de 24 horas, el olor será intolerable y las enfermedades, virtualmente incurables. Han sugerido la utilización de máscaras de gas, tanques de oxígeno o, en su defecto, barbijos. En Ezeiza y Aeroparque se ha detenido el servicio de todas las aerolíneas, por temor a que alguna Diosa confunda los aviones de línea con un juguete.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Las diosas también cagan (parte 3)
Estas damas semidesnudas, que siempre nos han observado desde el otro lado de los carteles, han decidido salir. Primero lo hizo Araceli Gonzáles, para ser seguida por la rubia de Vitamina, que instó al resto para que bajaran a reclamar lo que les corresponde. Qué cosa les corresponde es algo que todavía no han pronunciado: por el momento algunas se entretienen utilizando automóviles como patines en las afueras de la ciudad; otras están a cargo de la recolección de hojas verdes lo suficientemente grandes para alimentar al resto; y, de acuerdo con los enviados especiales, Araceli se encontraría sentada en el Planetario (convencida de que es su trono). Se estima que ella sería la nueva líder en esta invasión de Diosas en Ropa Interior.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Las diosas también cagan (parte 2)
De acuerdo con nuestras fuentes, a las 10 de la mañana se despertaron las Diosas en Ropa Interior: esas gigantes que parecen fotografías, sentadas en los carteles que bordean las autopistas, y que colman cada calle con diferentes anuncios de la más variada relevancia. Por fin han decidido intervenir en la realidad que hasta el momento habíamos controlado nosotros, los pequeños. Hasta el momento no han hecho reclamos ni han pedido nada, pero siguen merodeando por las calles de Buenos Aires, aplastando árboles como a cucarachas, pateando monumentos, pegando tremendos saltos que sacuden la ciudad de un modo que no se había sentido antes. La población ha buscado refugio en los domicilios particulares ya que los mismos todavía no han sido vulnerados. Se espera que el gobierno tome acción en la causa y defienda a los pequeños de la omnipotencia de las Diosas en Ropa Interior. Aparentemente, la presidenta estaría comenzando a esbozar un plan de conversaciones progresivas junto con su equipo especial de situaciones de riesgo bizarro (que no habría sido convocado por más de ochenta años, motivo por el cual quedan pocos titulares vivos. Según allegados, pocos de los que quedan recordarían los procedimientos formales de sus tareas).
miércoles, 4 de febrero de 2009
Las diosas también cagan (parte 1)
Algunos vieron el acontecimiento desde sus autos; otros desde el mar; otros desde el cielo (del avión que había despegado de Aeroparque con destino a Chubut a las 10.15) y hubo pocos testigos peatonales (todos corrieron a esconderse en la planta baja de los edificios, en los desagües, bajo los puentes o en las bocas del subte). Aquí reproducimos el relato de un hombre que conducía su automóvil hacia su oficina, situada en la capital:
“Esteeee, venía por la Lugones, ¿no? O más bien la Cantilo, ahí, entre Aguas Argentinas y Aeroparque, siempre me las confundo... y así, de la nada, se me cae un pedazo de cielo sobre el capot. Decí que tengo buenos reflejos y pude manotear las balizas y frenar de a poco sin que se me descontrolara el auto. Tenía el parabrisas tapado con algo que a primera vista me pareció barro, pero que pronto supe, era mierda. ¿Y cómo lo supe, me preguntará? No, no soy tan asqueroso como para tocarlo: con el olor que invadió el auto a los pocos segundos de caer la mierda, ahí supe. Mierda que cayó del cielo. Me dio tanto miedo de que me cayera un sorete en la cabeza que no me atreví a salir. Imaginate salir en los diarios Hombre muere aplastado por un sorete gigante.” Así relataba lo sucedido José Guerra, que permaneció en el coche unas cuantas horas antes de que se decidiera a continuar su camino, sacando la cabeza por la ventanilla para poder observar por dónde iba y evitar un accidente.
“Esteeee, venía por la Lugones, ¿no? O más bien la Cantilo, ahí, entre Aguas Argentinas y Aeroparque, siempre me las confundo... y así, de la nada, se me cae un pedazo de cielo sobre el capot. Decí que tengo buenos reflejos y pude manotear las balizas y frenar de a poco sin que se me descontrolara el auto. Tenía el parabrisas tapado con algo que a primera vista me pareció barro, pero que pronto supe, era mierda. ¿Y cómo lo supe, me preguntará? No, no soy tan asqueroso como para tocarlo: con el olor que invadió el auto a los pocos segundos de caer la mierda, ahí supe. Mierda que cayó del cielo. Me dio tanto miedo de que me cayera un sorete en la cabeza que no me atreví a salir. Imaginate salir en los diarios Hombre muere aplastado por un sorete gigante.” Así relataba lo sucedido José Guerra, que permaneció en el coche unas cuantas horas antes de que se decidiera a continuar su camino, sacando la cabeza por la ventanilla para poder observar por dónde iba y evitar un accidente.
lunes, 19 de enero de 2009
Aeropuertos del 2010 (parte V)
Pierdo la noción del tiempo y me cuesta creer que estoy en algún lugar del aeropuerto.
La mujer me dice que me vista, pero no me da indicios del veredicto. Ni un gesto que me indiquen si voy a ser libre. Esta vez siento que tengo el derecho de vistirme dándole la espalda. Cuando estoy lista, entra el hombre y hablan entre ellos en voz baja.
-Follow me, ma’am,- me dice él después de un rato. Me lleva las cosas pero no sé si nos dirigimos a las puertas de embarque o a las otras. Caminamos un rato por varios pasillos internos y terminamos saliendo cerca de la puerta de embarque que corresponde a mi vuelo. Vuelo AL996, embarcando en este momento.
-Have a good flight.
-Thank you.
Y me devuelve los bolsos.
En la fila para subir al avión está el terrorista de Al Qaeda, pero me embarco igual.
La mujer me dice que me vista, pero no me da indicios del veredicto. Ni un gesto que me indiquen si voy a ser libre. Esta vez siento que tengo el derecho de vistirme dándole la espalda. Cuando estoy lista, entra el hombre y hablan entre ellos en voz baja.
-Follow me, ma’am,- me dice él después de un rato. Me lleva las cosas pero no sé si nos dirigimos a las puertas de embarque o a las otras. Caminamos un rato por varios pasillos internos y terminamos saliendo cerca de la puerta de embarque que corresponde a mi vuelo. Vuelo AL996, embarcando en este momento.
-Have a good flight.
-Thank you.
Y me devuelve los bolsos.
En la fila para subir al avión está el terrorista de Al Qaeda, pero me embarco igual.
miércoles, 14 de enero de 2009
Aeropuertos del 2010 (parte IV)
-You will have to follow us, ma’am.- me dice el hombre.
-My bags...- empiezo yo.
-We will carry them for you, don’t worry.
Desconfían de mi, pero todavía no pueden acusarme de nada.
Me conducen a un pasillo de puertas cerradas. Entramos en la tercera, pero el hombre se queda a custodiar desde afuera. La mujer me pide que me desnude y me coloque una bata. Me especifica que la ropa interior también debe ser removed. No se da vuelta mientras me desnudo: por el contrario, me mira con más atención que antes, como si pudiera tener algo escondido entre los pliegues de la piel. Mi espalda se encorva sola, se cierran los hombros sobre mi pecho. Cuando estoy desnuda, encogida, la mujer me da la bata. Me la pongo rápido y me acuesto en una camilla donde me ata los tobillos, las muñecas y la cabeza “para que no se muevan”. Transpiro con violencia y pierdo el control del movimiento de mis ojos que quieren captarlo todo, como si fuera la última vez que lo hicieran. La camilla se mete en un túnel, como una máquina para hacer tomografías, pero en este caso es para descubrir droga dentro del cuerpo. Porque mi cuerpo sonaba con la maquinita de la mujer. Yo me pregunto si la maquinita no estaría funcionando mal.
-My bags...- empiezo yo.
-We will carry them for you, don’t worry.
Desconfían de mi, pero todavía no pueden acusarme de nada.
Me conducen a un pasillo de puertas cerradas. Entramos en la tercera, pero el hombre se queda a custodiar desde afuera. La mujer me pide que me desnude y me coloque una bata. Me especifica que la ropa interior también debe ser removed. No se da vuelta mientras me desnudo: por el contrario, me mira con más atención que antes, como si pudiera tener algo escondido entre los pliegues de la piel. Mi espalda se encorva sola, se cierran los hombros sobre mi pecho. Cuando estoy desnuda, encogida, la mujer me da la bata. Me la pongo rápido y me acuesto en una camilla donde me ata los tobillos, las muñecas y la cabeza “para que no se muevan”. Transpiro con violencia y pierdo el control del movimiento de mis ojos que quieren captarlo todo, como si fuera la última vez que lo hicieran. La camilla se mete en un túnel, como una máquina para hacer tomografías, pero en este caso es para descubrir droga dentro del cuerpo. Porque mi cuerpo sonaba con la maquinita de la mujer. Yo me pregunto si la maquinita no estaría funcionando mal.
lunes, 5 de enero de 2009
Aeropuertos del 2010 (parte III)
Muy tranquilo, toma su mochila que en escanner privado de mi cerebro se evidencia lleno de explosivos, y se retira para tomas su avión. Resuelvo no subirme al avión si aquel hombre viaja al mismo destino que yo.
-Ma’am. I’ll have to ask you to remove your boots- me lo dice el mismo hombre que inicialmente me dijo que iba a tener que someterme a un chqueo. Está vestido del mismo modo que la mujer que me estuvo tocando, y vino para asistirla en la revisación de la presunta narcotraficante.
Me siento y vuelvo a sentir la cara caliente, las axilas y palmas húmedas. No los miro para que no lo noten. Quién pudiera tener la tranquiliadad de un terrorista. Termino con los cordones de las botas (llegan hasta las rodillas) y me las quito. Me suben los pantalones, me sacan las medias y se llevan las botas al scanner del equipaje de mano. Aprovecho para asomarme y comprobar que mi cartera, mi abrigo y mi pasaporte siguen al final de la cinta, no vaya a ser que alguien se haga el vivo y se lleve mis cosas.
-Ma’am. I’ll have to ask you to remove your boots- me lo dice el mismo hombre que inicialmente me dijo que iba a tener que someterme a un chqueo. Está vestido del mismo modo que la mujer que me estuvo tocando, y vino para asistirla en la revisación de la presunta narcotraficante.
Me siento y vuelvo a sentir la cara caliente, las axilas y palmas húmedas. No los miro para que no lo noten. Quién pudiera tener la tranquiliadad de un terrorista. Termino con los cordones de las botas (llegan hasta las rodillas) y me las quito. Me suben los pantalones, me sacan las medias y se llevan las botas al scanner del equipaje de mano. Aprovecho para asomarme y comprobar que mi cartera, mi abrigo y mi pasaporte siguen al final de la cinta, no vaya a ser que alguien se haga el vivo y se lleve mis cosas.
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